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Base de conocimiento · Oficio de entrenador

Cómo manejar a un jugador dominante en tu equipo

A cualquier equipo le basta con uno para marcar el ambiente: el jugador que habla más alto que el resto, que resopla ante los errores de sus compañeros, o que ya está jugueteando con el balón mientras tú explicas. Mirar hacia otro lado no funciona: en seis semanas el equipo entero entrena esquivándolo.

Tiempo de lectura: 6 min

Primero observar: ¿qué pasa exactamente?

"Jugador difícil" no es un diagnóstico útil. En la práctica ves tres tipos, y cada uno pide un enfoque distinto. El que acapara habla por encima de ti, organiza él mismo los ejercicios y corrige a sus compañeros. A menudo es un jugador implicado con muy pocas válvulas de escape. El crítico reacciona a los errores ajenos: un resoplido, una mirada, un "vamos, hombre". Suele ser alguien exigente que consigo mismo es igual de duro. El que enrarece el ambiente hace bromas a costa de otros, protesta por el entrenamiento o arrastra a los demás a su descontento. Este tipo hace el mayor daño y es el menos visible, porque rara vez ocurre delante de ti.

Observa por eso primero una semana con atención. ¿Cuándo pasa: tras un error, en un ejercicio aburrido, solo con ciertos compañeros? ¿Con quién? ¿Y cuál es el efecto: los demás se callan o se ríen con él? Sin esa observación llevas a la charla tu irritación, y el jugador lo nota.

Describe conductas, no carácter

La diferencia entre una charla que funciona y una que se atasca está casi siempre en la formulación. "Eres negativo" es un juicio sobre quién es alguien, y con eso nadie puede hacer nada salvo defenderse. "Ayer te vi levantar las manos tres veces después de que un compañero fallara un balón" es una observación de la que sí se puede hablar. Prepara por tanto dos o tres ejemplos concretos, con el momento y la consecuencia: qué pasó y qué provocó en el jugador que tenía enfrente.

Precisamente por eso el registro es útil: las valoraciones de implicación y los minutos de juego en Koach te dan hechos con los que abrir la charla, de modo que va sobre conductas y no sobre carácter. Un jugador que oye que su implicación en el entrenamiento ha bajado de forma visible en las últimas semanas discute mucho menos que sobre tu impresión. Cómo valorar la implicación con coherencia y sin arbitrariedad está en valorar la implicación de los jugadores.

Pantalla de asistencia de un entrenamiento con la implicación por jugador
Quien registra implicación y asistencia abre una charla difícil con hechos en lugar de con una impresión.

La charla: estructura y frases

  1. Elige el momento. No justo después de un incidente y no en el pabellón. Cinco minutos antes del entrenamiento, en una sala vacía, es mejor que una charla larga después y en caliente.
  2. Empieza por lo que valoras. Los jugadores dominantes son casi siempre jugadores implicados. "Eres de los pocos que siempre dice algo en pista" no es una introducción, es un hecho.
  3. Nombra la conducta y el efecto. "Cuando resoplas después de un fallo de Marta, veo que ella esquiva el siguiente balón." El efecto sobre los compañeros golpea más fuerte que una norma.
  4. Pregúntale cómo lo ve él. Muchos jugadores no tienen ni idea de cómo caen sus reacciones. Ese descubrimiento suele hacer más que todo tu discurso.
  5. Cierra con un solo acuerdo. Concreto y visible: "tras un fallo de un compañero, eres tú el primero en decir algo positivo." Un acuerdo, y lo retomas en dos semanas.

Dale una salida legítima a la conducta dominante

Un jugador que quiere dirigir todo el entrenamiento tiene una energía que puedes aprovechar. Dale una responsabilidad de verdad en lugar de solo un límite: dirige el calentamiento, se encarga de la comunicación en la zaga, entrena a un compañero concreto durante las formas jugadas. Eso funciona por dos motivos. Primero, la conducta adopta una forma que ayuda al equipo. Segundo, el propio jugador experimenta lo difícil que es llevarse a un grupo detrás, y eso vuelve más humilde que diez charlas. Ojo con no darle el papel de capitán como premio por una conducta difícil; cómo tomar esa decisión está en elegir un capitán.

Llévalo al equipo, no solo a la charla

La conducta individual es a medias una cuestión de cultura de equipo. Si en tu equipo nunca se dice nada sobre cómo se reacciona ante los errores, el jugador dominante es sencillamente quien lo muestra con más claridad. Fija por eso con el grupo unos cuantos acuerdos de equipo sobre exactamente eso: cómo reaccionamos ante el error de un compañero, quién puede dirigir dentro de la pista y qué hacemos si alguien no lo cumple. Los acuerdos que el equipo formula por sí mismo, el equipo también los hace cumplir, y así no tienes que intervenir tú cada vez. Formatos que ayudan con esto están en ejercicios de construcción de equipo.

Si no cambia nada

A veces no cambia nada. Construye entonces por pasos claros: primero la charla y el acuerdo, después una segunda charla en la que constatas que el acuerdo no se ha cumplido y nombras una consecuencia, y solo después la consecuencia en sí: no jugar un entrenamiento, un partido en el banquillo o, en la base, una charla con las familias presentes. Sé previsible: las consecuencias anunciadas que se cumplen te cuestan un momento difícil; las que anuncias y no ejecutas te cuestan la temporada entera. Y deja siempre la puerta abierta. La mayoría de los jugadores dominantes no son casos problemáticos, sino jugadores con mucha implicación y poco freno, y esa combinación se puede dirigir, siempre que no los sueltes.

Regla práctica: habla de la conducta en presente y del jugador en futuro. "Esto es lo que veo pasar y esto es lo que necesito de ti" abre una charla; "tú eres así y ya está" la cierra.

Preguntas frecuentes

¿Debo apartar del equipo a un jugador dominante?

Casi nunca como primer paso. Empieza por observar, una charla concreta y un acuerdo, y construye las consecuencias paso a paso. Apartar a alguien es un último recurso que solo se usa ante conductas que dañan de forma estructural la seguridad o el disfrute de los demás.

¿Y si el jugador dominante es además mi mejor jugador?

Entonces la charla es más importante, no menos. Un equipo aprende sobre todo de lo que le permites a tu mejor jugador; quien hace ahí una excepción ya no puede hacer cumplir los acuerdos con nadie.

¿Cómo lo enfoco con un jugador juvenil?

Mantenlo concreto y corto, usa ejemplos de esa misma semana e implica a la familia solo si una segunda charla no da resultado. En la base, devuelve además de forma explícita un papel positivo, porque en los niños la conducta cambia antes por responsabilidad que por restricción.

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