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Corregir sin gritar: feedback que los jugadores sí usan

Junto a la línea hay tres tipos de entrenador: el que calla, el que anima y el que grita. El tercero cree que está entrenando. En realidad, un jugador al que le gritan casi nunca recibe información que pueda usar; sobre todo recibe la certeza de que ha vuelto a salir mal.

Tiempo de lectura: 6 min

Por qué gritar más fuerte no funciona

Hay tres razones, y las tres son prácticas. Una: no contiene información. "¡Vamos!", "¿pero qué haces?" y "¡concéntrate!" no describen ninguna acción que el jugador pueda ejecutar. Dos: llega tarde. Una corrección que entra cuando el siguiente balón ya va de camino hace que el jugador también falle ese. Tres: desplaza la atención. Un jugador al que se le habla delante de todo el equipo piensa en cómo queda en lugar de en su tarea, justo el desplazamiento que más daño hace bajo presión, como se describe en preparación mental.

El volumen es además un recurso que se agota. Un entrenador que pasa todo el entrenamiento a diez no le queda nada para el momento en que hace falta de verdad. Quien habla tranquilo normalmente solo necesita alzar la voz una vez para que se calle un pabellón entero.

Una cosa cada vez, en verbos de acción

El buen feedback es corto, concreto y va de lo que el jugador tiene que hacer. Compara: "tu recepción es mala" frente a "manos listas antes". Lo primero es un juicio, lo segundo una instrucción. Aplica dos reglas. Regla uno: como mucho un punto de atención por jugador y por ejercicio. Dos correcciones a la vez producen cero mejoras. Regla dos: usa la conducta deseada, no la prohibición. "No muevas los brazos" hace que el jugador piense en mover los brazos; "brazos quietos, piernas al balón" le da algo que hacer.

Trabaja además con un diccionario fijo y pequeño por técnica: las mismas tres o cuatro indicaciones durante toda la temporada. En la recepción, por ejemplo, "colocarse pronto", "plataforma quieta" y "orientar al colocador". Si cada semana usas palabras distintas para el mismo movimiento, el jugador tiene que traducir antes de poder corregir.

Los cuatro momentos en que el feedback cala

  1. Justo después de la acción, tres palabras. Solo la indicación, durante el ejercicio. Entre dos balones no cabe más.
  2. En el cambio de ejercicio, una frase por jugador. Momento tranquilo, el jugador está parado y puedes demostrar brevemente el gesto.
  3. Individualmente tras el entrenamiento, dos minutos. Aquí encaja todo lo delicado o lo que dure más de una frase. Fuera del grupo, sin público.
  4. Más adelante en la semana, con números o vídeo. Para patrones que un solo entrenamiento no muestra: un tipo de error recurrente o una posición en la que siempre se tuerce.

Lo llamativo de estos cuatro: ninguno es "gritar fuerte durante una jugada". Ese momento sencillamente no existe como momento de aprendizaje.

Pantalla de notas con un punto de atención concreto por jugador tras el entrenamiento
Escribir un punto concreto por jugador cuesta dos minutos y hace mucho más afilado tu siguiente momento de feedback.

Esa cuarta categoría es justo la que la mayoría de los entrenadores deja pasar. Escribe en Koach tras el entrenamiento un punto concreto por jugador y tu siguiente momento de feedback empezará con algo específico en lugar de con una impresión general. Al cabo de un mes verás además patrones invisibles en el pabellón: el jugador que solo falla bajo presión de saque, o el que se lleva cada entrenamiento el mismo punto sin que cambie nada. Cómo mantener útiles esas anotaciones está en llevar notas de jugador.

De "así no" a "así sí": la formulación

Si aun así levantas la voz

Pasa: una situación peligrosa, un jugador que humilla a un compañero, o sencillamente una noche en la que te supera. Lo importante es lo que ocurre después. Retómalo brevemente —"he reaccionado demasiado fuerte, podría haber sido más tranquilo, pero el fondo sigue en pie"— y deja claro que la corrección iba sobre la conducta y no sobre la persona. Los entrenadores capaces de hacerlo no pierden autoridad; la ganan. Y vigila tu patrón: si notas que te pones más duro sobre todo con el mismo jugador, eso no es casualidad sino una señal sobre la relación. Ten entonces una charla fuera del pabellón, por ejemplo en forma de charla de evaluación, en lugar de seguir corrigiendo más fuerte.

Prueba para ti mismo: pide a alguien que cuente durante un entrenamiento entero cuántas de tus intervenciones contienen una acción concreta. Si bajas de la mitad, estás entrenando sobre todo el resultado, y con eso un jugador no puede hacer nada durante la sesión.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas indicaciones puede procesar un jugador por entrenamiento?

En la práctica, un punto técnico cada vez y como mucho dos o tres por sesión en total. Más produce jugadores que piensan en todo a la vez y que ejecutan peor que si no recibieran ninguna indicación.

¿Debo dar siempre la crítica aparte?

Las correcciones técnicas pueden darse perfectamente en el grupo, siempre que traten de la acción. Todo lo que tenga que ver con implicación, actitud o conducta lo das aparte: la crítica pública sobre eso casi siempre produce defensa en lugar de cambio.

¿Funciona el método sándwich (elogio, crítica, elogio)?

Con jugadores jóvenes puede ayudar, pero los veteranos lo calan y se quedan esperando el 'pero'. Es más eficaz ser concreto: nombra lo que ha ido bien con la misma precisión que lo que debe mejorar, y mantén las dos cosas separadas.

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