Decirle a un jugador que no entra en la selección
De todas las tareas de un entrenador, esta es la más dura: decirle a alguien que lo ha dado todo que no lo ha conseguido. La charla dura diez minutos y muchas veces decide si ese jugador seguirá jugando al voleibol dentro de tres años. Así se lleva sin caer en tópicos ni en medias verdades.
Prepara esta charla como si fuera un partido
La mayoría de estas conversaciones no fallan por el mensaje, sino por la preparación. Quien se entera en el aparcamiento de que este año no está en la lista solo se queda con esa última parte. Decide por eso tres cosas de antemano y escríbelas: por qué este jugador se queda fuera (dos puntos concretos como máximo), qué le ofreces a cambio (el segundo equipo, entrenar con el primero, un momento para volver a mirarlo) y cuándo lo retomarás. Una charla improvisada acaba casi siempre en vaguedades, y jugadores y padres traducen la vaguedad sin esfuerzo por arbitrariedad.
Elige también el formato con intención. Llamar o hablar en persona es la norma; un mensaje sirve como mucho de aviso ("mañana por la noche te llamo por la selección"). No publiques nunca primero la lista y hagas después las charlas: entonces el jugador se entera por un compañero. Y hazlo rápido: cada día que media plantilla ya lo sabe y la otra media no, tu versión pierde fuerza.
La estructura en cuatro pasos
- Dilo de entrada. Nada de cinco minutos hablando del tiempo. "Te llamo por la selección y no tengo buenas noticias: esta temporada no estás en el primer equipo." Deja después un silencio: el jugador necesita un momento para asimilarlo.
- Da dos razones concretas. No "el nivel estaba altísimo", sino "en los cuatro entrenamientos de selección tu recepción fue menos estable bajo presión que la de los demás candidatos" y "quedaba una plaza y tenía que ser para un central".
- Nombra lo que sí hay. Un sitio en el segundo equipo con un papel claro, un entrenamiento por semana con el primero, o un punto de mejora concreto con una fecha para volver a mirarlo (el parón de mitad de temporada es un buen punto de control).
- Pregúntale qué le parece. Cierra con una pregunta abierta y deja espacio para el enfado o las lágrimas. Quien puede contar su versión no necesita contarla luego en el vestuario o en redes sociales.
Cuenta con diez o quince minutos por jugador. No los encadenes todos en una misma noche: a partir de la quinta llamada suenas a contestador automático, y el sexto jugador lo nota.
La diferencia entre una charla que cala y una que se desmadra está casi siempre en lo que la sostiene. Si durante los entrenamientos de selección has llevado notas y valoraciones de implicación por jugador en Koach, puedes señalar algo concreto en lugar de una corazonada. Cómo fijar los criterios de antemano y organizar la jornada está en organizar un día de selección; la forma de construir ese juicio se parece mucho a lo que ocurre con un consejo de promoción.
Cuatro frases que es mejor no usar
- "Estuvo muy ajustado." Dilo solo si es verdad. Si no lo es, le das al jugador una idea equivocada de lo que tiene que hacer para entrar el año que viene.
- "Yo te quería dentro, pero..." Echar la responsabilidad a la comisión técnica te resta credibilidad como entrenador. Asume la decisión, aunque no la hayas tomado solo.
- "El año que viene seguro que entras." Una promesa que no puedes cumplir te cuesta, doce meses después, la credibilidad ante toda una generación.
- "Eres demasiado bajo." Traduce siempre lo que nadie puede cambiar a destreza y conducta: capacidad de bloqueo, velocidad de desplazamiento, colocación en defensa.
Con juveniles: habla con el chaval y con los padres
En las selecciones juveniles mantienes en realidad dos conversaciones. Con el chaval: corta, cercana, concreta y orientada al siguiente paso ("vas a jugar en el equipo 2 y allí vas a ser desde el primer día uno de los que llevan el peso"). Con los padres: el mismo mensaje, pero acompañado de los hechos y de la alternativa. Hazlo en ese orden y a poder ser con ambos delante, para que en casa no circulen dos versiones. Acordad dentro del club quién responde a las objeciones: nada debilita tanto una selección como tres evaluadores contando cada uno una historia distinta. Y sé sincero sobre lo que está decidido y lo que sigue abierto; los chavales detectan enseguida una historia a medias.
La semana siguiente decide si pierdes al jugador
Una decisión bien comunicada que después se apaga acaba sintiéndose igualmente como un descarte. Organiza el seguimiento: que el entrenador del otro equipo contacte en pocos días, aparece tú mismo alguna vez en un entrenamiento o un partido de ese grupo, y cumple el momento de revisión que acordaste. Si más adelante te faltan jugadores, llama al que descartaste en septiembre: esa charla es de pronto mucho más fácil, precisamente porque la primera fue honesta. Y prepara la siguiente charla de evaluación con los mismos criterios: ahí verás si tu punto de mejora sirvió realmente de agarre.
Regla práctica: la decisión está bien comunicada si el jugador puede contársela a sus padres en dos frases, incluidos el porqué y el siguiente paso. Si no puede, no fuiste lo bastante claro, por muy agradable que se sintiera la charla.
Preguntas frecuentes
¿Debo explicar por qué sí se ha elegido a otro jugador?
Habla solo del jugador que tienes delante, nunca de las virtudes o carencias de sus compañeros. Sí explica qué papel o qué posición necesitaba el equipo, porque eso hace comprensible la decisión sin que hables de nadie más.
¿Qué hago si un jugador o un padre reacciona con enfado?
Deja que llegue la primera reacción sin defenderte y repite después con calma tus dos razones. Si sigue subiendo de tono, cierra la charla y ofrece una segunda con una tercera persona presente, por ejemplo alguien de la comisión técnica.
¿Con cuánta antelación hay que comunicar los descartes?
Dentro de la semana siguiente al último entrenamiento de selección, y siempre antes de que la composición de los equipos se publique en ningún sitio. Quien llama más tarde habla con un jugador que ya lo ha oído de un compañero.


