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Base de conocimiento · Oficio de entrenador

Mantener implicados a los suplentes de tu equipo

Todos los equipos los tienen: los jugadores que aparecen dos veces por semana y el sábado juegan cinco puntos. Casi nunca dicen nada, casi nunca se quejan, y sencillamente lo dejan en marzo. Que sigan implicados no ocurre solo: es algo que organizas tú.

Tiempo de lectura: 6 min

Por qué se descuelgan los suplentes, y cuándo

Descolgarse ocurre por fases, y son fáciles de reconocer. Primero desaparece la intensidad en el calentamiento. Después llega la primera falta a un entrenamiento sin motivo claro. Luego el jugador deja de tomarse en serio sus propios errores ("total, da igual") y al final llega el mensaje de que "necesita parar una temporada". Entre la fase uno y la cuatro suelen pasar de seis a ocho semanas. Ahí está tu margen; después hablas con alguien que ya lo ha dado por perdido.

La causa de fondo casi nunca es el tiempo de juego en sí. Los jugadores aceptan un papel de suplente sorprendentemente bien mientras tengan tres cosas: una explicación honesta del porqué, un camino visible para entrar y la sensación de que el sábado se les necesita para algo. Si falta una de las tres, jugar cinco minutos pasa de ser una aportación a ser una humillación.

Sé honesto sobre el papel, no vago

El error más habitual es la vaguedad consoladora: "claro que cuentas, necesitamos a todo el mundo." Los jugadores prefieren una verdad afilada. Al empezar la temporada, ten una charla breve de rol con cada jugador y dilo tal cual: "Ahora mismo eres el segundo receptor-atacante. Cuento contigo para un turno de saque, para una jugada en la que necesitemos defensa y en el cuarto set si va de cara. Lo que quiero verte para que seas titular es una recepción más estable bajo presión." Eso es concreto, honesto y da algo a lo que agarrarse. Convierte después ese punto de mejora en un objetivo personal, para que no se quede en una sola charla.

Cinco tareas que convierten el banquillo en una función

Rota esas tareas cada partido. Un papel fijo se siente al cabo de tres semanas como un premio de consolación; una tarea rotatoria se siente como trabajo de equipo.

Pantalla de sustituciones durante un partido con los suplentes disponibles y sus apariciones
Quien registra cada cambio ve a final de mes exactamente quién apenas pisó la pista.

Tiempo de juego: la charla que no conviene aplazar

El resumen de minutos de Koach muestra quién lleva tres partidos sin entrar, normalmente antes de que el propio jugador lo diga. Esa señal es el motivo de una charla de cinco minutos, no de un cargo de conciencia. Di lo que ves ("llevas tres partidos jugando muy poco y eso no encaja con lo que acordamos"), explica cuál fue la razón y acordad cuándo cambia. Trabaja además con una regla sencilla que anuncias de antemano, por ejemplo: todo el mundo juega al menos un set por partido, o quien ha venido a todos los entrenamientos es titular al menos una vez cada tres partidos. Cómo llevar eso a la práctica sin debilitar al equipo está en repartir el tiempo de juego con justicia.

En el entrenamiento te ganas el banquillo de vuelta

Quien el sábado juega poco tiene que tocar más balones el martes. No es un consuelo, es lógica: ese jugador no ha tenido los minutos de partido para aprender. Unas cuantas decisiones prácticas: que los suplentes empiecen las formas jugadas en lugar de acabar de lanzadores, mételos a propósito en el mejor seis durante una parte del entrenamiento y dales en el entrenamiento la posición en la que los necesitas en el partido. Evita el patrón clásico en el que los titulares juegan seis contra seis y el resto pasa balones: es la señal más clara de que hay dos categorías de jugador.

Con juveniles la cosa cambia

En los equipos juveniles el tiempo de juego no es un premio sino una herramienta de desarrollo. Un chaval de trece años que juega el veinte por ciento de los minutos se desarrolla de forma medible más despacio que sus compañeros, y esa diferencia crece cada temporada. En la base, por tanto, el reparto equilibrado es la regla y no la excepción, y explicas a los padres de antemano cómo lo haces. Ayuda además desligar a propósito el ganar y el perder de la alineación en categorías de formación: quien deja que el campeonato decida quién juega cría jugadores que lo dejan en cuanto ya no son los mejores.

La comprobación más simple: ¿sabe cada jugador antes del partido cuándo va a entrar? Si es así, tienes un banquillo. Si no, tienes seis espectadores en chándal, y esos acaban descolgándose tarde o temprano.

Preguntas frecuentes

¿Tengo que dar los mismos minutos a todo el mundo?

En equipos juveniles un reparto casi igualado es el estándar, porque allí el tiempo de juego es tiempo de aprendizaje. En equipos absolutos con objetivo de resultado los minutos pueden variar, siempre que expliques de antemano con qué criterios seleccionas y luego los cumplas.

¿Cómo mantengo caliente a un suplente durante el partido?

Haz que el banquillo se mueva entre sets y da a quien probablemente entre unos golpeos o saques en la zona de calentamiento. Un jugador que lleva veinte minutos enfriándose y tiene que sacar con 22-22 empieza con una desventaja que no tiene nada que ver con el voleibol.

¿Qué hago con un jugador que se queja abiertamente de sus minutos?

Tómatelo en serio y ten la charla aparte, no junto a la línea. Empieza por lo que él ve, da después tus razones con ejemplos concretos y termina con un solo acuerdo sobre el que él pueda influir. Quejarse delante del grupo lo tratas como conducta, aparte del tema de fondo.

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