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Miedo a fallar: el jugador que juega a lo seguro

En casi todos los equipos hay un jugador que en el entrenamiento remata fuerte y el sábado finta. Que sabe sacar de tenis y aun así saca de abajo. En el acta no llama la atención: pocos puntos, pero casi ningún error. Justo por eso esto puede durar meses sin que nadie lo mencione.

Tiempo de lectura: 8 min

El miedo no se ve; las decisiones sí

No puedes leerle a un jugador en la cara que tiene miedo a fallar. Lo que sí puedes ver es qué elige en el momento en que hay algo que elegir. Evitar el riesgo no es un sentimiento, es una serie de decisiones, y todas ellas se ven desde el banquillo. Estas son las seis que más aparecen en voleibol:

Importante: una sola de estas decisiones no es nada. Un jugador que ante un bloqueo doble elige una finta está jugando un voleibol inteligente. Lo que cuenta es la repetición, durante semanas, en situaciones en las que la opción segura no es la mejor opción.

Tres semanas de números: el patrón antes de la charla

Lo complicado de evitar el riesgo es que en la hoja de resultados se ve bien. Un jugador que no intenta nada tampoco falla nada. Por eso necesitas dos números juntos, de tres partidos, no de uno.

Un ejemplo con cifras. El receptor-atacante A recibe en tres partidos 42 balones de ataque, anota 9 y comete 2 errores. Su compañero B recibe 44, anota 18 y falla 8. En la columna de errores, B es el descuidado y A el pulcro. Si calculas el rendimiento por ataque, A le da al equipo tres puntos menos por partido, y de esos 42 balones más de treinta volvieron blandos a una defensa que estaba preparada. A no es más pulcro: A participa menos.

Con el saque funciona la misma comparación. No mires una norma, mira a tu propio equipo: quien está muy por debajo de la media del equipo en errores de saque y en aces no saca mejor, saca más seguro.

Si no tienes app ni anotador, lo haces con un papel y dos columnas por cada jugador del que sospeches. Columna uno: ataque rematado o balón blando. Columna dos: saque dentro, ace o error. Son unas veinte rayitas por set. Hazlo tres partidos seguidos: un partido puede ser un mal día, tres en la misma dirección son un patrón. La diferencia entre los errores que producen algo y los que solo cuestan está desarrollada en la carga de errores por jugador; léelo al lado, porque sin esa distinción una columna de errores lleva justo a la conclusión contraria.

Gráfica de evolución de un jugador en la app de Koach con la marcha de los puntos y los errores a lo largo de las semanas
Dos líneas juntas: si los puntos bajan mientras los errores también bajan, casi siempre estás mirando evitación del riesgo y no progreso.

Quien registra los números por partido ve este patrón por sí solo: una línea de puntos plana con una línea de errores que se arrastra hacia cero. En Koach esas dos están juntas por defecto, porque un número sin el otro no dice nada.

El entrenador lo mantiene vivo sin querer

Esta es la parte incómoda. Un jugador aprende en pocas semanas hacia dónde va tu atención. Si solo reaccionas cuando algo sale mal, la forma más segura de evitar tu atención es no intentar nada. Eso no es una cuestión de carácter del jugador, es una reacción lógica al clima del pabellón.

Mídelo alguna vez contigo mismo. Deja el móvil grabando en la bolsa al empezar el entrenamiento y escucha después los primeros veinte minutos. Cuenta dos cosas: cuántos comentarios fueron sobre algo que salió mal y cuántos sobre algo que alguien intentó. No existe una norma para esa proporción; úsala como espejo, no como nota. Pero si oyes veinte correcciones y dos comentarios sobre un intento, ya sabes por qué en tu pabellón se juega a lo seguro.

Fíjate después en qué tipo de error respondes. La mayoría de los entrenadores reacciona igual de fuerte ante un saque agresivo que se va veinte centímetros fuera que ante una recepción que se escapa sin ninguna presión. Para el jugador son dos cosas completamente distintas, y si tú las tratas igual aprende que intentar cuesta lo mismo que ser descuidado. Haz audible la diferencia: nombra el error de atrevimiento como algo que querías ver ("ese saque está bien, solo demasiado plano") y guarda la corrección para el error que no produjo nada. Cómo formular esa corrección sin que se convierta en un juicio está en corregir sin gritar.

Dos frases que conviene borrar. "A la red no" hace que el jugador piense en la red. Y "tú tranquilo" suena a apoyo, pero es literalmente la instrucción de asumir menos riesgo: exactamente lo que este jugador ya hacía.

La charla: empieza por lo que viste, no por lo que crees

No tengas esta charla en el vestuario ni después de un partido. Elige diez minutos antes de un entrenamiento, sentados, fuera del alcance del oído de los demás. Y no le pongas etiqueta: "tienes miedo a fallar" convierte una costumbre en un rasgo, y de un rasgo cuesta mucho más salir.

Abre con la observación y compruébala en el acto:

  1. "Los últimos tres partidos he visto casi todos tus ataques en finta, mientras que en el entrenamiento rematas a fondo. ¿Lo reconoces?" Es factual, comprobable, y el jugador puede corregirte si te equivocas.
  2. "¿Qué harías si diera igual que ese balón se fuera fuera?" Casi todo el mundo sabe responder a esto, y la respuesta es el objetivo hacia el que trabajas.
  3. "¿Y qué te frena ahora?" Aquí llega la respuesta de verdad: miedo a la reacción de los compañeros, miedo a que lo cambien, un comentario de un entrenador anterior, o un dolor que nadie conoce.

Lo que no haces: tranquilizar con "pero si tú puedes", ni decirle que necesita más confianza. Las dos cosas le devuelven el problema al jugador sin darle nada que hacer. Termina en su lugar con un único acuerdo, lo bastante pequeño como para poder cumplirlo el sábado de verdad y formulado por el propio jugador; por ejemplo: los dos primeros ataques de cada set los remato a fondo, pase lo que pase. Fija ese acuerdo como objetivo personal, para poder retomarlo dentro de tres semanas sin que haga falta una charla nueva.

Si va más allá de la pista —dolor de barriga antes de cada partido, no querer venir, llorar tras un error—, esto ya no es un problema de entrenador. Deriva a un psicólogo del deporte o, en la base, al médico de familia a través de la familia. Cómo está organizado eso en tu club y quién lo paga cambia según el país y el club; pregúntalo en tu junta directiva antes de ofrecerlo.

Así montas el ejercicio para que atreverse compense

Hablar cambia poco mientras el propio ejercicio premie la opción segura. En una forma de ataque normal en la que cuentas puntos, fintar es sencillamente lo más listo. Por eso, en las formas en las que entrenas el atrevimiento, das la vuelta al recuento:

Monta estas formas dentro de una jugada, no en una serie de repeticiones. Asumir riesgo con un lanzador es una destreza distinta de asumir riesgo en el juego, y solo la segunda se traduce al sábado.

Idea clave: mientras tu ejercicio premie la opción más segura, la conducta no cambia, por muy bien que haya ido la charla. Cambia primero el recuento, después la conducta.

El acuerdo de equipo: un error por atreverse no es quedar mal

Un jugador no deja de jugar a lo seguro mientras después de cada fallo seis pares de ojos se giren hacia él. Conviértelo por eso en un acuerdo de equipo, no en uno individual. Con tres reglas basta:

  1. Tras un error en el que alguien asumió riesgo, el jugador más cercano dice una palabra. "Bien" o "siguiente", sea cual sea el resultado. Una palabra, porque un discurso de ánimo es peor que el silencio.
  2. Tras una dejadez no dice nada nadie. Eso es trabajo tuyo, más tarde, y no de los compañeros durante la jugada.
  3. Tres gestos quedan fuera: resoplar, las manos al aire y mirar al banquillo después del error de otro. Esos tres hacen más daño que cualquier comentario, porque no señalan a nadie y le llegan a todos.

Fija esto en tus acuerdos de equipo al principio de la temporada y dale a tu capitán el papel de velar por ello: al grupo le cuesta menos aceptarlo de él que de ti. En la base, la banda forma parte del asunto: un padre o una madre que reacciona de forma audible a un error de saque se lleva en dos segundos lo que tú has construido en seis semanas.

La regla de las 24 horas después de un partido perdido

Acordad que en las primeras 24 horas tras el último balón nadie dice nada de fondo sobre una acción individual. Ni tú, ni las familias, ni el propio jugador en el grupo de chat. Lo que sí vale es una frase factual sobre el equipo: "jugamos bien hasta el 18-18 y a partir de ahí forzamos". El análisis llega en el siguiente entrenamiento, con los números delante.

Para este jugador esa regla es más importante que para nadie. De todas formas va a repasar el partido en el coche de vuelta, y justo entonces un comentario de un familiar o de un compañero decide qué elegirá el sábado siguiente. En un desplazamiento largo, esa hora vulnerable coincide exactamente con el viaje de vuelta.

Anuncia la regla en una frase al principio de la temporada y sé el primero en cumplirla. Un entrenador que a última hora de la noche manda un audio de dos minutos al grupo la elimina de golpe. El ritual de reinicio para el error dentro del partido es otro tema; está junto con la rutina de saque y la respiración en entrenamiento mental.

Cuándo no es evitación del riesgo

Antes de meterte en un proceso de semanas, descarta otras cuatro explicaciones. Las cuatro dan la misma imagen.

Cómo sabes que está funcionando

Cuenta con semanas en vez de con una charla, y con una evolución que no se siente como progreso. En las primeras semanas verás sobre todo subir los errores: el jugador intenta cosas que llevaba meses sin hacer, y le salen mal. Eso no es una recaída, es la prueba de que algo está cambiando; el rendimiento llega después.

Mira por eso tres cosas en vez del marcador. Una: la proporción de ataques rematados frente a balones blandos, que es la conducta que querías ver. Dos: el número de saques que ponen presión de verdad, en el que un error entra explícitamente dentro. Tres: si el jugador vuelve a pedir el balón siguiente después de un error, porque esa es la costumbre que más tarda. Si esas tres van en la buena dirección mientras los totales de puntos siguen iguales, vas bien encaminado y es pronto para cambiar nada.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si un jugador evita el riesgo o simplemente juega listo?

Jugar listo es una decisión que encaja con la situación: una finta ante un bloqueo cerrado, un saque seguro con set point en contra. Evitar el riesgo es la misma decisión en todas las situaciones, también cuando no hay nadie delante del balón. Pregúntaselo antes: un jugador que sabe contar qué va a hacer y por qué está eligiendo; uno que después dice que 'tocaba ir a lo seguro' se está echando atrás.

¿Debo usar la expresión 'miedo a fallar' delante del jugador?

Mejor no. Una etiqueta convierte una costumbre en un rasgo y no le da nada que hacer. Describe lo que ves —las decisiones dentro de la pista— y pregunta qué le frena. Si resulta que hay algo más de fondo, esa es una conversación para un profesional, no para el pabellón.

¿Qué hago con un jugador que en el entrenamiento se atreve y en el partido no?

Esa es la imagen normal, y significa que has hecho el entrenamiento demasiado seguro. Construye público y consecuencias: primero con un lanzador, luego 2 contra 2, luego con todo el equipo mirando y con un marcador que cuente. Quien no se atreve en ninguna forma con público todavía tiene un paso pendiente antes de que le toque el sábado.

¿Un cupo de errores no es contraproducente con jugadores que ya fallan mucho?

El cupo es un techo y a la vez un suelo. Para el jugador que fuerza demasiado es un límite; para el que no intenta nada es una consigna. Coméntalo por eso brevemente con cada jugador al empezar el ejercicio, en una frase, en vez de dejarlo colgado como norma de grupo.

¿Cuánto tarda un jugador en volver a asumir riesgo?

Más de lo que esperas: un patrón que ha durado media temporada no se va en un entrenamiento, y hay un periodo en el que los errores primero suben. Valora el avance por la conducta —la proporción de ataques rematados, la presión del saque— y no por los puntos, porque esos llegan cuando la ejecución vuelve a estar a nivel.

¿Debo cambiar a este jugador si en el partido no le sale?

Cambiarlo al primer error después de un acuerdo de atrevimiento es la forma más rápida de invalidar el acuerdo. Acuerda de antemano cuánto margen hay ('el primer set lo haces a tu manera, salga lo que salga') y cúmplelo, también con 12-18.

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