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Base de conocimiento · Oficio de entrenador

Tras una derrota dura: ¿qué le dices a tu equipo?

Cae el último punto y, en cuatro segundos, doce jugadores te miran. Lo que digas entonces se queda más tiempo que cualquier charla táctica. Y justo en ese momento es cuando más probable es que digas lo que no toca.

Tiempo de lectura: 5 min

Lo que ocurre en esos primeros minutos

Justo después de una derrota dolorosa nadie está en condiciones de aprender. Las pulsaciones están altas, la decepción está fresca y los jugadores están sobre todo con su propia parte: el error de saque con 22-20, el balón que dejaron caer. La información que das en ese estado no entra o, peor, entra como juicio. Ese es el núcleo del problema: el vestuario tras el partido es un espacio emocional, no un entorno de aprendizaje. Trátalo como tal.

Hay algo más: los jugadores reflejan tu lenguaje corporal. Un entrenador que mira al suelo con la mandíbula apretada confirma que la cosa es grave. Un entrenador que entra tranquilo, deja la bolsa y sencillamente empieza a hablar transmite que esto fue un partido y no una catástrofe. No hace falta que finjas buen humor —eso lo calan—, pero eres tú quien marca la temperatura.

Tres cosas que sí funcionan

  1. Nombra la emoción. "Esto duele, y está permitido que duela." Dos segundos, y ahorras a tres jugadores la vergüenza de su propia decepción.
  2. Asúmelo en colectivo. "Esto lo perdemos juntos." Sin nombres, sin momentos, sin "si esa bola entra". Quien nombra a un solo jugador después del partido, aunque sea en positivo, subraya automáticamente a los que no ha nombrado.
  3. Fija un momento. "El martes miramos los números y sacamos una cosa." Con eso le das al equipo lo más valioso que se puede sacar de ese vestuario: la idea de que algo se va a hacer con esto, y de que no tiene que ser ahora.

Con eso basta. Dos minutos, y fuera del vestuario. Quédate cerca, eso sí: hay jugadores que quieren decir algo justo en ese momento, y esa conversación suele valer más que tu discurso.

Informe de partido con los marcadores de set y los números clave del encuentro
Los números están ahí al instante, pero solo son útiles cuando la emoción ha bajado.

Lo que guardas para más adelante en la semana

El informe del partido está listo en Koach en el momento en que cae el último punto, pero eso es material para el análisis de la semana, no para el vestuario. Guarda por tanto todo lo que sea análisis: el porcentaje de side-out, el reparto de errores, la rotación en la que se torció, el cambio que no funcionó. Guarda también tu crítica a conductas individuales —el jugador que puso los ojos en blanco, el atacante que dejó de replegar—, porque esa charla la tienes aparte y con calma. Y guarda sobre todo tus propias dudas: preguntarte en voz alta si elegiste bien la alineación suena a pánico justo después. Cómo se construye una charla posterior al partido con datos es un oficio aparte; solo funciona si la tienes dos o tres días después.

Una rutina de cierre fija, también tras perder

Los equipos que tienen un ritual cuando ganan y se disuelven en silencio cuando pierden aprenden que perder queda fuera del equipo. Elige por eso un cierre que sea siempre el mismo: recoger la pista entre todos, un círculo con una frase por jugador, o sencillamente quedarse veinte minutos alrededor de una mesa. Esto último está especialmente infravalorado: seguir juntos tras una derrota hace más por el ambiente que el mejor de los discursos. En equipos juveniles funciona una pregunta fija y sencilla ("¿qué ha salido bien a pesar de todo?"), en la que cada uno nombra algo de otro. No es un caramelo: entrena a los jugadores para percibir lo que sí funcionó, también en un partido perdido.

Con juveniles, los padres ya están en la puerta

En los partidos de base el segundo análisis empieza en el aparcamiento, y ese no lo controlas tú. Lo que sí puedes hacer es darles a los padres una frase con la que trabajar ("hemos jugado bien hasta el 18-18 y después hemos forzado demasiado; eso es lo que trabajaremos el martes"). Así reciben una línea que coincide con la tuya, en lugar de su propio análisis en el coche. Acordad además al principio de temporada cómo se reacciona junto a la línea y después del partido; sobre eso hay más en unos buenos acuerdos con los padres. Y fíjate tú mismo en qué jugador necesita más apoyo justo después de una derrota: rara vez es el que más ruido hace, sino normalmente el que sale en silencio. A los jugadores callados les debes tres frases al acabar.

Regla para ti mismo: no digas nunca tras una derrota algo que no dirías también tras una victoria con los mismos números. Si el mensaje solo llega cuando se pierde, no es análisis sino una reacción al resultado.

Preguntas frecuentes

¿Puedo enfadarme como entrenador tras una derrota?

El enfado por conductas —no cubrir, no replegar en defensa— vale, siempre que lo expreses de forma breve y factual. El enfado por el resultado en sí no aporta nada y sobre todo enseña a los jugadores que hay que esconderse cuando algo sale mal.

¿Cuánto debe durar el análisis justo después del partido?

Justo al acabar, dos o tres minutos como máximo. El análisis de contenido pertenece al siguiente entrenamiento, cuando la emoción ha bajado y puedes poner los números encima de la mesa.

¿Y si los jugadores empiezan a reprocharse cosas nada más terminar?

Córtalo de inmediato y deja claro que la evaluación es el martes. Retoma después el asunto, porque señalarse entre compañeros tras una derrota es un tema de acuerdos de equipo y no un incidente aislado.

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