Del CMV al campo grande: acompañar el paso
Tras años de cuartetos en un campito, un niño de doce se planta de repente con otros cinco en un campo de nueve por nueve, con una red más alta y reglas de rotación. El paso del CMV a la categoría infantil es el mayor cambio de una carrera de voleibol juvenil, y con un buen acompañamiento un siguiente paso lógico en lugar de un jarro de agua fría.
Todo lo que cambia a la vez
El paso del nivel 6 al campo grande cambia casi todo de golpe:
- De 4 a 6 jugadores: más compañeros, más coordinación y bastantes menos contactos con el balón por niño y partido.
- De 6×6 a 9×9 metros: más del doble de suelo que defender.
- Una red más alta: la altura de la red sube por categoría de edad hacia la altura absoluta, lo que hace de pronto más duro sacar y atacar.
- Rotación y posiciones: por primera vez rigen las reglas de rotación y los seis números de posición, faltas de posición incluidas.
- Sets a 25: partidos más largos con un ritmo distinto al de los partidos cortos de torneo de CMV.
Toma conciencia como entrenador: cada uno de estos cambios es ya de por sí un proceso de aprendizaje. No esperes, por tanto, un juego fluido en septiembre; el primer medio año en el campo grande es sencillamente volver a aprender a jugar. También el formato de partido en sí es nuevo: en lugar de una mañana de torneo con cinco partidillos cortos, un equipo infantil juega semanalmente un partido de competición de verdad, con sets a 25 puntos, tiempos muertos y un anotador en la mesa. Lleva a los niños de la mano en eso las primeras semanas: explícales cómo funciona un marcador de sets, qué ocurre en una sustitución y por qué de pronto se espera al silbato para sacar.
Empieza antes del verano
El mejor paso empieza en la última temporada de CMV. Deja que los niños de nivel 6 conozcan ya el campo grande en los últimos meses: un partidillo 6 contra 6 al final del entrenamiento, sacar en la red más alta, entrenar una vez con la categoría infantil. También la rotación del CMV es en secreto un regalo: los niños acostumbrados a estar en todas partes captan la rotación más rápido de lo que crees. Lo que quieres sobre todo evitar es que las vacaciones de verano sean un corte brusco entre dos mundos.
Esto es también una cuestión de organización: el paso sale mejor si el entrenador de CMV y el nuevo entrenador juvenil hablan entre sí. Un traspaso breve por niño —en qué punto está técnicamente, qué necesita, qué hay en lo social— evita que el nuevo entrenador tenga que redescubrir durante meses lo que el anterior ya sabía. Planifica esa conversación de forma estándar en junio, antes de que la distribución de equipos sea definitiva.
El primer año: establecer prioridades
No puedes enseñarlo todo a la vez. Un orden viable para el primer año en la categoría infantil:
- Rotación y alineación: primero entender dónde estás y cuándo rotas; sin eso, cada partido es un caos.
- Sacar por encima de la red más alta: a esta edad el saque es el arma más determinante; quien lo pasa, participa.
- El pase en el campo grande: más campo significa más carrera antes de pasar; vincula la técnica al desplazamiento.
- Tres toques como estándar: pase, colocación, ataque. Solo después llegan los temas tácticos.
Mantén las posiciones a conciencia amplias: deja que los niños jueguen el primer año en varios sitios antes de que alguien reciba la etiqueta de colocador o líbero. Qué roles hay lo tienes en el resumen de posiciones del voleibol, pero especializar puede esperar aún años. Piensa también en la parte física: la red más alta y el campo más grande exigen más de hombros, rodillas y tobillos, justo en un periodo en el que muchos niños crecen deprisa. Construye la carga de salto y de saque con calma y toma en serio las molestias en lugar de 'apretar los dientes'.
Espera un bajón, y anúncialo
Casi todo niño empeora temporalmente tras el paso: menos contactos con el balón, más faltas, partidos perdidos contra equipos que llevan más tiempo en el campo grande. Los niños (y padres) que no lo veían venir se desaniman. Cuéntalo, por tanto, de antemano: esto forma parte, todos pasan por ello, y en unos meses vuelve a encajar. Quien registra el desarrollo por niño puede cumplir esa promesa: una línea de crecimiento a lo largo de los meses muestra negro sobre blanco que ese bajoncito de octubre se relativiza solo, y te da algo tangible en la mano para la conversación con un niño desanimado o un padre inquieto. Para el club, esa misma información es además la base de un buen consejo de promoción de cara a la temporada siguiente.
Consejo para la distribución de equipos: mantén a los niños que pasan de categoría, siempre que sea posible, junto a al menos un compañero de confianza. Un conocido al lado en el campo grande marca una enorme diferencia en lo seguro que se siente el paso.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se pasa del CMV al campo grande?
Tras la temporada en la que un niño cumple doce, pasa a la categoría infantil. Los clubes atienden además al desarrollo y a la distribución de equipos: algún caso pasa antes o algo más tarde.
Mi hijo aún encuentra el campo grande demasiado difícil, ¿y ahora qué?
Un retroceso tras el paso es normal y suele ser temporal. Coméntalo con el entrenador: a menudo ayuda una atención extra al saque y al pase, y a veces jugar un año en un equipo con más acompañamiento es la mejor ruta.
¿Qué es lo más difícil del paso?
Para la mayoría de los niños: la rotación y la red más alta. La rotación exige entender el juego, la red más alta exige una fuerza que los niños de doce aún están desarrollando. Ambas se resuelven con tiempo y entrenamiento dirigido.
¿Se quedan los niños en el mismo equipo tras el paso?
No siempre: los equipos de CMV se suelen redistribuir en el paso a la categoría infantil por edad y nivel. Intenta mantener juntos a los amigos y amigas siempre que puedas: la seguridad social pesa mucho a esta edad.

