Un entrenamiento, seis niveles: escalar cada ejercicio
En un equipo amateur medio, entre el mejor y el peor jugador hay tanta diferencia que en realidad practican deportes distintos. Y aun así están dos veces por semana en el mismo pabellón, y el mismo ejercicio tiene que significar algo para los dos.
Separar casi nunca es la respuesta
El primer reflejo ante una gran diferencia de nivel es dividir el grupo: los avanzados en un campo, el resto en el otro. Rara vez funciona. Solo hay un entrenador, así que la mitad de tu grupo se queda estructuralmente sin acompañamiento. Además el precio social es alto: en una sola noche todos saben cuál es el campo B, y los jugadores que están ahí entrenan a partir de ese momento con el freno puesto.
Hay una excepción: un bloque de diez a quince minutos en el que un grupo pequeño hace algo específico, como los dos principiantes de antebrazos contra la pared mientras el resto hace una serie de ataque. Corto, dirigido y después otra vez juntos. La separación permanente produce dos medios equipos.
Cuatro maneras de diferenciar dentro de un mismo ejercicio
- La exigencia. Todos hacen el mismo ejercicio de recepción, pero el avanzado debe recibir dentro de la zona objetivo y el principiante solo jugable hacia la red. Mismo balón, mismo movimiento, listón distinto.
- La distancia o el espacio. Sacar desde la línea de fondo o desde tres metros por delante. Defender en un campo de nueve metros de ancho o en un pasillo de tres. El espacio es el mando más fácil y el que menos se nota.
- El rol. En una forma jugada no todos tienen que hacer lo mismo. El principiante es receptor fijo; el avanzado debe recibir y atacar. El rol escala sin que nadie se quede fuera.
- La puntuación. Da a los jugadores un objetivo de puntos propio: quien domina el ejercicio juega a 15, quien lo está aprendiendo a 8. Así ambos equipos terminan a la vez y el juego sigue siendo emocionante.
Lo que tienen en común estas cuatro: el ejercicio en sí no cambia. Solo tienes que explicarlo una vez y la organización se mantiene sencilla. Justo por eso diferenciar dentro de un bloque funciona mejor que dividir el grupo; más sobre ello en la estructura de entrenamiento.
Un quinto mando que suele olvidarse: el número de repeticiones. Donde el jugador avanzado rota después de diez balones, el principiante puede hacer quince o veinte. Eso no te cuesta nada de organización —simplemente dejas que una fila rote más despacio— y es exactamente lo que necesita un jugador que va por detrás: no un trabajo más fácil, sino más trabajo sobre lo mismo.

Tres ejercicios con tres niveles dentro
| Ejercicio | Principiante | Avanzado | Jugadores más fuertes |
|---|---|---|---|
| Saque-recepción | Saque de mano baja a 3 m de la línea; recepción jugable hacia la red | Saque de mano alta desde la línea; recepción en la zona de ataque | Saque en salto a zona anunciada; recepción en zona objetivo de 2 por 2 m |
| Ataque desde la posición 4 | Golpear desde el suelo tras un lanzamiento | Carrera de tres pasos, colocación alta, dirección libre | Con bloqueador; el atacante debe anunciar línea o diagonal |
| Defensa | Balón lanzado, defender en un pasillo de 3 m | Golpe del entrenador, media pista entera | Atacante real que elige entre potencia, finta y ángulo |
Retar a los más fuertes sin perder al resto
Diferenciar suele plantearse mirando hacia abajo, pero la parte de arriba es igual de importante. Un jugador fuerte que entrena meses a medio gas retrocede y acaba marchándose a otro equipo. Tres intervenciones que cuestan poco:
- Dale una desventaja en lugar de más volumen. Que solo puntúe con un ataque desde detrás de la línea de tres metros, o que solo pueda hacer fintas con la mano mala.
- Hazle responsable de un compañero. Un jugador fuerte que puede entrenar a un principiante durante el ejercicio aprende a entender el juego de otra manera, y tú ganas un par de ojos.
- Dale un objetivo propio. No «entrenar bien», sino algo medible para este bloque: el cincuenta por ciento de los ataques por la línea, o tres saques por set a la zona 1. Cómo fijar y seguir esos objetivos lo tienes en los objetivos de tarea por jugador.
La conversación con el grupo
Diferenciar solo funciona si no es un secreto. Di sin más que trabajas con exigencias distintas y por qué: todos entrenan en el límite de lo que pueden, y ese límite está en un sitio distinto para cada uno. Los equipos que lo escuchan de forma explícita lo llevan sorprendentemente bien, y la discusión sobre el tiempo de juego también se vuelve más honesta, porque pasa a tratar del desarrollo propio en lugar de comparar. Ese razonamiento está desarrollado en repartir el tiempo de juego con justicia.
Mide por jugador, no por equipo. Un equipo con seis niveles no tiene una media de equipo que signifique nada. Evalúa a cada uno desde su propio punto de partida; si no, el mismo jugador acabará cada año al final de la misma lista y su motivación no cambiará nunca.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo sí conviene separar?
En un bloque corto y específico de diez a quince minutos con un segundo entrenador, o cuando la diferencia es tan grande que un principiante no logra ni un contacto en una forma jugada. Mantenlo temporal y vuelve a juntar al grupo después.
¿Cómo evito que los principiantes se sientan excluidos?
Haciendo las exigencias explícitas y normales: cada uno tiene su listón y se dice en voz alta. Lo que excluye a la gente no es la exigencia adaptada, sino la sensación de que a escondidas se espera otra cosa de ellos.
¿Pueden empeorar los jugadores fuertes en un equipo flojo?
Si entrenan de forma estructural a medio gas, sí. Dales una desventaja, un rol de entrenador o un objetivo medible propio; así el entrenamiento sigue estando también para ellos en el límite de lo que pueden.


