De repente torpe: qué le hace un estirón a un juvenil
La temporada pasada era la mejor receptora del equipo; ahora está sistemáticamente medio metro lejos del balón. Su actitud es la misma y en el entrenamiento no ha cambiado nada: ha crecido nueve centímetros en ocho meses. Eso no es una excusa, es una explicación, y determina qué debes y qué no debes entrenar en los próximos meses.
Qué ocurre durante un estirón
Aproximadamente entre los once y los trece años en las chicas y entre los trece y los quince en los chicos se sitúa el pico de velocidad de crecimiento: en el año más rápido, los niños crecen de ocho a diez centímetros. Y no ocurre de forma uniforme. Primero se alargan los huesos, después siguen los músculos y tendones que los rodean, y solo al final el sistema nervioso ajusta su control. Durante meses hay, por tanto, un desfase entre lo alto que es un niño y lo bien que sabe manejar ese cuerpo nuevo.
A eso se añade que manos y pies terminan de crecer antes que el tronco y los muslos. Un jugador que ha subido dos números de calzado en medio año no tropieza por torpeza, sino porque sus pies acaban literalmente en un sitio distinto del que su cerebro espera.
Por qué el timing es lo primero que se rompe
Todo lo que depende de la precisión empeora más rápido. En voleibol se ve concretamente este orden:
- La carrera y el salto. Piernas más largas significan pasos más largos; la carrera de tres pasos de siempre pasa de repente medio metro por debajo del balón.
- El momento del golpeo. Un brazo más largo sitúa la mano más arriba, pero el jugador sigue golpeando a la altura antigua y por eso toca el balón tarde o por debajo.
- El punto de contacto en recepción y colocación. También en antebrazos cambia el lugar donde se forma la plataforma, así que los balones salen desviados.
- Los desplazamientos. Las palancas largas giran más despacio. Un jugador que ha crecido necesita sencillamente más fuerza para arrancar y frenar tan rápido como hace medio año.
Lo que curiosamente suele mantenerse: la lectura del juego, leer al rival y la comprensión táctica. Es justo aquello en lo que puedes apoyarte en esta etapa.
Cuánto dura el bache
En la mayoría de los jugadores, un bache claramente visible dura de tres a seis meses; el propio crecimiento acelerado se prolonga a menudo de doce a dieciocho meses. No todos los niños sufren, por cierto, un retroceso apreciable: quienes crecen de forma más gradual o se mueven mucho y de forma variada se recalibran sobre la marcha. Lo que quieres evitar es que un bache temporal tenga consecuencias permanentes: que un jugador salga de la convocatoria, juegue menos y por eso acumule menos repeticiones justo cuando más las necesita.

Justo por eso conviene registrar algo del rendimiento en lugar de confiar en que lo recordarás. El gráfico de evolución de Koach pone el rendimiento de partido en partido uno al lado del otro, de modo que ves si un retroceso duró tres semanas o tres meses. Cómo leer una línea así sin ver en ella más de lo que hay está en leer el gráfico de evolución.
Qué ajustas como entrenador
- Vuelta a lo básico. No es el momento de añadir técnicas nuevas. Repite lo que el jugador ya sabía, porque ese gesto tiene que recalibrarse sobre brazos y piernas más largos.
- Más repeticiones, menos exigencia. Amplía las zonas objetivo y baja las velocidades de balón, para que el jugador siga teniendo éxito mientras se reajusta.
- Menos carga de salto. Los cartílagos de crecimiento y las inserciones tendinosas son vulnerables en esta fase; el dolor bajo la rótula y en el talón son las señales clásicas. Reduce el número de saltos máximos por sesión y vigila las caídas.
- Fuerza con el propio peso corporal. La estabilidad del tronco, el trabajo a una pierna y la técnica de aterrizaje aportan más en esta etapa que las pesas.
- Hablar de sueño y comida. Un niño que crece diez centímetros al año necesita más recuperación y más combustible que hace un año. Eso no es un detalle menor.
Más sobre cómo cargar con seguridad en esta fase en prevención de lesiones en voleibol.
Qué decir al jugador y a los padres
Cuéntalo antes, no cuando ya está ocurriendo. Un jugador que sabe que el bache forma parte del proceso no se descoloca; uno que cree que ha perdido el nivel empieza a forzar y lo empeora. Usa la mirada larga: quien gana diez centímetros en un año tendrá dentro de dos años un alcance del que ahora solo sufre las molestias. Los padres suelen necesitar la misma tranquilidad, porque solo ven los partidos. Para la confección de equipos esto significa: nunca bases un consejo de promoción en una foto fija tomada en los meses en que un jugador está creciendo rápido.
Cuándo no es un estirón
Mira más allá si las molestias no encajan en el cuadro: dolor en reposo o por la noche, dolor en un solo lado que no remite, o un retroceso que dura más de medio año sin ninguna mejora. También un bache que coincide con menos disfrute, muchas ausencias o roces en el grupo suele no ser una historia física. En ese caso mira primero la motivación y el ambiente del equipo antes de ponerte a tocar la técnica.
Preguntas frecuentes
¿Un jugador en pleno crecimiento debe entrenar menos?
Menos no, distinto sí. Mantén la frecuencia de entrenamiento pero reduce el número de saltos máximos y de repeticiones explosivas, y sustitúyelos por técnica, coordinación y estabilidad del tronco. Así conservas el volumen sin la carga pico.
¿El retroceso es igual de grande en todos?
No. Quienes crecen mucho y rápido en poco tiempo lo notan con claridad; quienes crecen de forma gradual, casi nada. Los niños que además del voleibol se mueven de forma variada también se adaptan antes, porque están acostumbrados a situaciones motrices cambiantes.
¿Puedo hacer algo para evitar el bache?
Evitarlo no, acortarlo sí. Mucha experiencia motriz variada, atención a los aterrizajes y seguir repitiendo las técnicas básicas hacen que un jugador vuelva a manejar antes su cuerpo nuevo.


