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Prevención de lesiones en voleibol: tobillos, rodillas y hombros

El voleibol no es un deporte de contacto, y aun así cada temporada hay algún jugador en el banquillo: un tobillo torcido bajo el bloqueo, una rodilla que se queja, un hombro que protesta en cada remate. Prevenirlo del todo no puede nadie; reducir bastante la probabilidad sí, con un par de hábitos estructurales.

Tiempo de lectura: 7 min

¿Dónde va mal en los voleibolistas?

Tres puntos destacan. El tobillo: con mucho, la mayoría de las lesiones agudas nace en el aterrizaje bajo la red, a menudo sobre el pie de un compañero o rival. La rodilla: cientos de saltos por semana hacen el tendón rotuliano sensible a la sobrecarga, la famosa "rodilla del saltador". El hombro: el gesto de remate y saque es uno de los movimientos más rápidos del deporte; sin estabilidad y progresión gradual va mal poco a poco. El hilo conductor: la mala suerte aguda puedes limitarla con técnica y acuerdos, y la sobrecarga con una planificación inteligente. Aprende además a reconocer las señales tempranas: un jugador que evita su aterrizaje, salta llamativamente poco en el calentamiento o gira el hombro tras cada entrenamiento te está diciendo algo, a menudo antes con el cuerpo que con las palabras.

Tobillos: técnica y disciplina en la red

Rodillas: dosificar la carga de salto

La rodilla del saltador rara vez es consecuencia de un solo entrenamiento y casi siempre de una suma: más saltos de los que el cuerpo está acostumbrado, construidos demasiado rápido. Está alerta en las primeras semanas de la temporada y tras periodos de lesión: justo entonces la carga sube más deprisa. En la práctica: no acumules ejercicios intensivos de salto (no bloqueo y remate y fuerza de salto al máximo en la misma semana), y construye la fuerza de salto de forma gradual. Unos muslos y glúteos fuertes mediante el entrenamiento de fuerza amortiguan literalmente parte de los golpes. Y mira también la superficie y el calzado: unas zapatillas de sala gastadas sin amortiguación hacen cada aterrizaje algo más duro, un pequeño detalle que, sobre mil saltos al mes, cuenta sin más.

Hombros: estabilidad antes que velocidad

Un hombro que hace cientos de veces por semana un gesto de remate necesita mantenimiento: ejercicios para el manguito rotador y la estabilidad de la escápula con resistencia ligera, de dos a tres veces por semana unos minutos, un componente estupendo de la fase Activate de tu calentamiento. Atiende además al número de remates y saques por entrenamiento, sobre todo en los jóvenes en crecimiento y en los jugadores que acaban de aprender el saque de mano alta o el saque en salto: los gestos de golpeo nuevos suponen una carga extra temporal.

Volver tras una lesión: el momento más peligroso

El mayor predictor de una lesión es una lesión anterior, y eso rara vez se debe a la mala suerte. La trampa está en el regreso: el jugador se siente bien, el entrenador lo necesita, y en dos semanas vuelve a entrenar y a jugar por completo. Justo ese salto de carga es el riesgo. Cíñete a unos principios: el fisioterapeuta o médico que trata determina el momento del regreso, no el calendario de partidos; construye en pasos (primero parte del entrenamiento, luego el entrenamiento completo, y solo después minutos de partido); y acuerda que el jugador informe con honestidad de cómo reacciona el cuerpo al día siguiente. Una semana extra de paciencia en noviembre es más barata que seis semanas de baja en febrero.

Lo que tú, como entrenador, organizas de forma estructural

La prevención de lesiones no es un truco suelto sino un sistema: un calentamiento fijo con trabajo de activación, la técnica de aterrizaje como tema recurrente, una progresión gradual tras las vacaciones y una política de recuperación que toma en serio la fatiga. Lleva también tu administración: quien anota la ausencia y las lesiones por jugador ve patrones; el jugador que cada temporada cae en octubre no tiene mala suerte sino un problema de progresión. Haz además las lesiones hablables en lugar de un gesto de dureza: en una cultura de equipo donde "apretar los dientes" es la norma, tus jugadores solo avisan de las molestias cuando ya es tarde. La pregunta "¿hay por ahí algún dolorcito que deba saber?" al principio de la semana cuesta diez segundos y te da la información con la que aún puedes ajustar un entrenamiento.

Importante: este artículo describe principios generales de prevención, no consejos de tratamiento. Ante dolor que persiste más de unos días, molestias recurrentes o una lesión aguda: haz que el jugador acuda a un fisioterapeuta (deportivo) o médico y deja que ese profesional determine el regreso al campo.

Preguntas frecuentes

¿Ayudan las tobilleras o el vendaje contra las torceduras?

Para jugadores que ya sufrieron una torcedura importante, una tobillera reduce de forma demostrable la probabilidad de repetición. Para jugadores sin antecedentes no es imprescindible: ahí ganan más la técnica de aterrizaje, el entrenamiento de equilibrio y la disciplina en la red.

¿Cuántos saltos por entrenamiento son demasiados?

No existe un número fijo: todo gira en torno al cambio respecto a lo que un jugador está acostumbrado. No dupliques nunca la carga de salto de una semana a otra y ten más cuidado tras las vacaciones, las lesiones y las fases de crecimiento.

¿Puede un jugador con un dolor leve de rodilla seguir entrenando?

Una rigidez leve y que se va rápido no tiene por qué ser una alarma inmediata, pero el dolor que vuelve durante o tras cada entrenamiento sí. Baja entonces la carga de salto y recurre a un fisioterapeuta: apretar los dientes hace casi siempre más duraderas las molestias de tendón.

¿Cuál es la mejor prevención de lesiones para equipos juveniles?

Moverse de forma variada, aprender la técnica de aterrizaje de manera lúdica y construir la carga con calma, sobre todo durante las fases de crecimiento, cuando los tendones y las placas de crecimiento están más sensibles. Cargar al máximo un solo deporte todo el año es, para la juventud, el mayor factor de riesgo.

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