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Preparación física para voleibolistas: fuerza de salto y velocidad

"Vuestra forma física es mala: ¡a dar vueltas!" La receta clásica, y justo la equivocada. Una jugada dura de media unos segundos, seguida de una pausa corta; un partido es una larga serie de acciones explosivas. Quien obsequia a su equipo con carreras de fondo entrena para el deporte equivocado.

Tiempo de lectura: 6 min

¿Qué forma física pide, en realidad, el voleibol?

Mira lo que un jugador hace de verdad en un set: saltar (bloqueo, ataque, saque), desplazarse de forma explosiva de dos a cuatro metros, estar bajo en defensa, y eso decenas de veces, con pausas de diez a veinte segundos entre medias. La forma física del voleibol es, por tanto, la capacidad de repetir acciones explosivas sin pérdida de calidad, también en el quinto set. Los tres pilares: fuerza de salto, velocidad de desplazamiento y capacidad de recuperación entre acciones. La resistencia de fondo juega a lo sumo un papel secundario como base general, y esa base la construyen ya la mayoría de los jugadores sencillamente jugando mucho e intenso al voleibol. Quien dedica su valioso entrenamiento de equipo a largos bloques de fondo cambia lo escaso (explosividad con balón) por lo superfluo.

Pilar 1: fuerza de salto

La fuerza de salto se construye por dos vías. Primera, la fuerza máxima en piernas y tronco mediante el entrenamiento de fuerza —un músculo más fuerte puede entregar más potencia—. Segunda, la capacidad de salto reactiva mediante formas de salto: squat jumps, saltos sobre líneas o vallas bajas, y saltos de bloqueo y ataque en contexto de juego. Construye la pliometría de forma gradual (primero aprender a aterrizar, solo después el volumen) y cuenta estos saltos en la carga total de la semana: la fuerza de salto y la prevención de lesiones son dos caras de la misma moneda. Una carrera de ataque técnicamente buena, por cierto, suele dar más centímetros que un mes extra de saltar; la técnica y lo físico no son aquí mundos separados, y la ganancia de salto más barata está casi siempre en la carrera.

Pilar 2: velocidad y juego de pies

La velocidad del voleibol es arrancar, frenar y cambiar de dirección en un máximo de cuatro metros. Entrénala corta y fresca, al principio del entrenamiento tras el calentamiento: esprints de tres a cinco metros desde posturas de voleibol, desplazamientos laterales con el centro de gravedad bajo, arranques de reacción a una señal o al contacto con el balón. Calidad antes que volumen: la velocidad se entrena con descanso completo entre repeticiones, no como agotamiento. De seis a ocho repeticiones máximas con descanso de verdad hacen más que veinte a medias.

Pilar 3: capacidad explosiva repetida

La capacidad de recuperación entre acciones la entrenas de la forma más divertida con balón: formas jugadas intensas con jugadas cortas y sucesión rápida (por ejemplo, el entrenador introduce un balón nuevo justo tras cada punto), series de defensa de 20-30 segundos a tope con pausa corta, o formas de partido en las que cada punto empieza con un salto. Así entrenas la forma física y la técnica y la mentalidad de partido a la vez —tres pájaros de un tiro—. El trabajo de pabellón suelto sin balón es a lo sumo un complemento para la pretemporada.

Panel en la app Koach con la actividad de entrenamiento y la asistencia del equipo
El voleibol es esprintar y saltar, no un maratón: así construyes una forma física específica del voleibol.

Bloque de ejemplo: 20 minutos de forma física de voleibol en el entrenamiento

Este bloque encaja tras el calentamiento y antes del trabajo técnico, siempre que la intensidad no se coma el objetivo de aprendizaje de ese entrenamiento: el trabajo explosivo primero, los estímulos de resistencia si acaso al final.

Planificar a lo largo de la temporada

En la pretemporada pones la base: dos bloques por semana de fuerza y construcción de salto. En temporada mantienes: un bloque dirigido por semana basta para la mayoría de los equipos de club, escondido en la estructura de entrenamiento. Piensa además en el calendario: en una semana con dos partidos quitas el bloque de forma física; en una semana libre puede ser justo más duro. Y tras cada interrupción —vacaciones, lesión, periodo de exámenes— empiezas un escalón por debajo de donde lo dejaste; el cuerpo retiene la forma física menos tiempo que la técnica.

Mide de vez en cuando de forma simple: altura de alcance en un salto de bloqueo y de ataque, o una serie de defensa por tiempo. Dos o tres momentos de test fijos por temporada (inicio, parón de invierno, final) bastan para hacer visible el progreso, y el progreso visible es para los jugadores la mejor motivación para sostener el trabajo más aburrido. En una app como Koach puedes colgar esos momentos de test como nota u objetivo en el perfil del jugador, para ver en marzo qué ha ocurrido desde septiembre.

Consejo: no pongas nunca el trabajo de forma física como bloque de castigo al final ('y ahora diez esprints más porque ha ido mal'). La forma física es contenido de entrenamiento con un objetivo, no una penitencia; quien la usa como castigo enseña a los jugadores a odiar la explosividad.

Preguntas frecuentes

¿Es útil correr para los voleibolistas?

Como entrenamiento suave de recuperación o base general fuera de temporada no hace daño, pero no hace a nadie mejor voleibolista. El tiempo de entrenamiento disponible lo dedicas mejor a formas explosivas y específicas del voleibol, a ser posible con balón.

¿Cuántas veces por semana debe un equipo de club hacer preparación física?

En temporada basta con un bloque dirigido de 15-20 minutos por semana, completado con formas jugadas intensas. En la pretemporada puede ser más. La constancia a lo largo de los meses vence con creces a una semana fanática en agosto.

¿A partir de qué edad puede la juventud hacer entrenamiento de fuerza de salto?

Saltar y aterrizar de forma lúdica se puede a cualquier edad; la pliometría estructurada se puede sin problema a partir de los doce años, siempre que la técnica de aterrizaje sea buena y el volumen empiece bajo. El trabajo de salto muy cargado va con un cuerpo entrenado y ya crecido.

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