Cómo el entrenador neerlandés Dennis Boekhout (28) construyó la app de voleibol que siempre había querido tener.
Con sus 2,04 metros, Dennis Boekhout no pasa desapercibido en ninguna pista de voleibol. Su aportación más llamativa a este deporte, eso sí, ya no está en la pista sino en tu bolsillo: Koach, una app que él mismo ideó, diseñó y construyó desde cero, porque ninguna de las que ya existían hacía lo que él necesitaba como entrenador.
Una conversación sobre 16 años de voleibol, un equipo lleno de talento de una liga regional neerlandesa y las noches que pasó dibujando, función a función, todo lo que todavía no existía.
«Más bien inevitable. [ríe] De niño les sacaba la cabeza a todos, y llega un momento en que todo el mundo te hace la misma pregunta: “¿Tú no juegas al voleibol?”. Pisé una pista por primera vez con doce años y encajó enseguida. Para un chaval alto, el voleibol es el sitio perfecto para aterrizar. Tu altura deja de ser un estorbo y se convierte en un arma. Y ahí me quedé. Ya van 16 años.»
«Sí, eso lo noté pronto. Pensar el juego me gustaba por lo menos tanto como jugarlo. ¿Por qué no sale esa rotación? ¿Por qué el bloqueo llega siempre medio segundo tarde? Yo era el que se quedaba comentando la jugada después del partido mientras los demás ya estaban en la ducha. Visto ahora, que acabara de entrenador era solo cuestión de tiempo.»
«Exacto. Un equipo de una categoría regional amateur, aquí cerca de ’s-Hertogenbosch, en el sur de los Países Bajos.»
«Con muchísimo potencial. Jugadores que lo tienen dentro, solo había que sacarlo. Eso es lo mejor de entrenar y lo más difícil a la vez. Ves dónde podrían llegar, y tu trabajo es hacer visible ese camino. No a ojo, sino con un plan. Y justo ahí choqué contra un muro.»
«El papeleo. Yo solo quería entrenar, no pelearme con cuatro apps distintas. Quería montar alineaciones, seguir la evolución de cada uno, corregir durante el partido. Y en vez de eso hacía malabares con un chat de grupo para los mensajes del equipo, una hoja de cálculo para la asistencia, una libreta para mis observaciones y el móvil para llevar el marcador.»
«Cuatro sistemas que no sabían nada unos de otros. La asistencia del martes no me decía nada sobre la alineación del sábado, porque vivían en mundos separados. Se me iba más tiempo en apuntar cosas que en entrenar.»
«Haberlas, haylas. Y las probé, te lo juro. Pero siempre chocaba con lo mismo. O una app hacía una cosa muy bien, pongamos la asistencia o las estadísticas, y aun así necesitaba otras tres al lado.»
«O venía hasta arriba de funciones, pero con un precio que echaba para atrás. Precios que están muy bien para un club profesional con presupuesto, pero no para un entrenador normal que hace esto por las noches, además de un trabajo a jornada completa. Y pensé: no pienso pagar una fortuna por entrenar a mi propio equipo.»
«No fue una revelación repentina, más bien algo que fui viendo poco a poco. Había empezado a hacer listas. Solo para mí: ¿qué haría mi app perfecta? Y esa lista no paraba de crecer. Una noche la miré y pensé: esto ya no es una carta a los Reyes, esto es un diseño. ¿A qué estoy esperando?»
«A propósito no pensé “voy a hacer una app”. Lo fui atacando problema a problema: ¿qué estoy resolviendo aquí en realidad? Coge la alineación. Yo no quería arrastrar seis nombres a unas casillas. Quería elegir un 5-1 o un 4-2, poner a los colocadores y al líbero, comprobar que la rotación cuadra y guardar una alineación que había funcionado para volver a usarla la semana siguiente. Eso se convirtió en una función.»
«Después, el marcador en directo. En un partido no hay tiempo para líos. Quería registrar un punto con dos toques en la pantalla, quién lo hace y cómo, y que eso entrara directo en las estadísticas de cada jugador. Y tenía que funcionar sin wifi, porque la mitad de los pabellones de este país no tienen cobertura. Y así con todo. Un control de asistencia que va directo al resumen de la temporada. La evolución jugador por jugador, para que en una charla individual no tenga que decir “tengo la sensación de que estás mejorando”, sino poder enseñárselo. Un editor de ejercicios en el que puedo dibujar un ejercicio en vez de describirlo. Cada función empezó siendo algo que a mí me sacaba de quicio una noche cualquiera en la pista.»
«En ese orden, sí: pensar, diseñar, construir, nunca al revés. Primero lo dejaba todo cerrado hasta el último detalle: qué tiene que hacer, para quién, en qué momento de un entrenamiento o de un partido. Solo cuando eso estaba claro me ponía a diseñar.»
«¿Qué sensación da esto en la mano cuando estás en el banquillo y quedan 30 segundos para el saque? Quería que transmitiera calma, que no pareciera una hoja de cálculo. Y solo cuando una pantalla estaba bien me ponía a construirla de verdad. Quería tener bien cada detalle, todos los que me había encontrado como entrenador. Así salió Koach.»
«Cada semana. Con ese mismo equipo lleno de potencial con el que empezó todo. Y noto que vuelvo a entrenar, en lugar de estar todo el rato con el papeleo. Veo el progreso de un jugador en una gráfica y encima puedo hacer algo con eso.»
«Veo en los números dónde tenemos que afinar. De eso iba todo desde el principio: no de la app, sino de lo que la app te devuelve, tiempo y atención para los jugadores. Todo en un mismo sitio y a un precio asequible, porque para mí eso era una cuestión de principios.»
«Está en la App Store y en Google Play desde agosto de este año. Sinceramente, esa fue la parte más difícil. Ya conocía a un montón de entrenadores que querían probarla, y hablaba de ella en foros como Reddit.»
«Ahora mismo tiene más de 600 usuarios activos. Es una locura ver lo rápido que crece, pero me lo tomo como buena señal. Perfecta no es todavía, ni de lejos: me llegan montañas de peticiones de funciones nuevas, pero también reseñas estupendas de entrenadores entusiasmados de todo el mundo. Eso, si te soy sincero, es lo que me mantiene en pie: ayudar a otros entrenadores con la gestión de su equipo sin que les cueste más que una botella de agua al mes.»
«Cuídate las rodillas. [ríe] Y lo digo en serio. En voleibol las rodillas se llevan una paliza, con tanto salto y tanta caída, y yo ya he tenido lo mío, así que puedo decirlo. Estira, trabaja la fuerza, tómate en serio las señales de alarma. Solo tienes un par de rodillas, y lo que quieres es seguir entrando en ese pabellón cada semana para enseñar a otros lo que tú has ido aprendiendo con los años.»
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