Comprar una pizarra táctica de voleibol: ¿magnética, LCD o el móvil?
Estás a punto de encargar una pizarra táctica. Hay una magnética sencilla con fichas, hay una versión más cara en la que escribes con un puntero sobre una pantalla LCD, y está la idea que a todo el mundo se le pasa por la cabeza en ese momento: ¿esto no me lo hace ya el móvil? Es una pregunta legítima, y la respuesta no depende de qué aparato es más listo.
Dónde se atasca de verdad la decisión
Una pizarra táctica ni es cara ni tiene misterio. Y aun así la misma duda vuelve una y otra vez, porque la comparación casi siempre se hace sobre los puntos equivocados: sobre lo que un aparato puede hacer, en lugar de sobre lo que pasa con ese aparato en el pabellón.
Un tiempo muerto dura treinta segundos en casi todos los reglamentos. Buena parte se va en que el equipo llegue hasta ti, en repartir botellas y en conseguir que se callen seis o siete personas que acaban de regalar un punto. Lo que queda son veinte segundos como mucho para dejar clara una sola cosa. Todo lo que en esos veinte segundos estés manipulando —el capuchón de un rotulador, el bloqueo de la pantalla, una ficha que se cae al suelo— se lo estás quitando a tu explicación.
Esa es la vara de medir. No cuál de las pizarras hace más cosas, sino cuál se interpone menos cuando llega el momento. Abajo tienes las tres opciones comparadas en cuatro puntos, incluidos aquellos en los que la más barata gana sin discusión. Este artículo va solo sobre la compra; cómo explicar una situación en esos veinte segundos sin perder por el camino a seis personas está en la pizarra táctica en el tiempo muerto.
Las tres opciones, en corto
- La pizarra magnética. Una plancha con una pista de voleibol impresa, fichas imantadas para los jugadores, un rotulador de pizarra blanca y un paño o un borrador. Muchas veces es de doble cara: pista completa por un lado, media pista por el otro. Suele tener el tamaño de un libro fino o algo más. Colocas las fichas, dibujas una flecha al lado y la borras.
- La pizarra LCD. Una pantalla sobre la que escribes con un puntero; la línea aparece en un solo color sobre fondo oscuro. Lleva un botón que deja la pantalla en blanco de golpe. La pista va impresa sobre la pantalla o queda por debajo de la capa de dibujo. No tiene fichas: lo dibujas todo, también a los jugadores. Dentro hay una pila pequeña que gasta sobre todo al borrar, y por eso dura mucho.
- Tu móvil o tu tableta. Una app con una pista sobre la que dibujas con el dedo. Ni material extra ni una segunda bolsa: el aparato ya lo llevas en el bolsillo. A cambio hay un bloqueo de pantalla, y el hecho de que un móvil es pequeño para siete pares de ojos.
Dejo los precios fuera, porque varían demasiado de un país y de una tienda a otra como para compararlos con sentido. El patrón sí es el mismo en todas partes: la magnética es la más barata, la LCD cuesta varias veces más, y una app en un aparato que ya tienes no te cuesta nada más en material.
Punto uno: ¿cuánto tardas en tenerla en la mano?
Aquí pierde el móvil, y no tiene sentido darle vueltas. Una pizarra que cuelga de un cordón de tu bolsa o está debajo de tu silla la coges y ya está encendida. El móvil hay que sacarlo del bolsillo, desbloquearlo —con las manos mojadas o frías eso no siempre sale a la primera— y luego abrir la app correcta. Son unos segundos que en un tiempo muerto de treinta no tienes.
Hay una sola manera de cerrar ese hueco, y es prepararlo: tener la pantalla ya abierta antes de pedir el tiempo muerto. Quien saca la pizarra cuando el árbitro pita llega tarde, sea de cartón o de cristal. Y eso vale igual para la magnética: si las fichas siguen en la bolsita, has perdido los veinte segundos exactamente igual.
La LCD está a medio camino. Siempre está encendida y dibuja al instante, pero tienes que llevar el puntero encima. Si lo pierdes, la uña es un mal sustituto: la mayoría de estas pantallas responden a la presión, y el dedo aprieta demasiado poco y demasiado ancho para una línea legible.
Punto dos: ¿puede mirarla todo el grupo a la vez?
Seis jugadores, un cambio, a veces un segundo entrenador. Están en medio círculo a tu alrededor, y no todos de frente. Eso es un problema de ángulo de visión, y ahí el móvil es malo: pequeño y con una pantalla brillante que devuelve las luces del pabellón a quien lo mira de lado.
La pizarra magnética no tiene ninguno de esos dos problemas. Es mate, suele ser más grande que un móvil, y la mires desde donde la mires ves lo mismo. Las LCD las hay en los dos tamaños y por lo general sí exigen cierto ángulo, porque el contraste baja en cuanto la miras de refilón.
Una tableta resuelve el tamaño, pero no el reflejo. Y una tableta en la mano junto a la línea es otra cosa distinta de un móvil en el bolsillo: entonces vuelves a tener un aparato que hay que acordarse de meter en la bolsa.
Punto tres: batería, frío y perderla de vista
La pizarra magnética no lleva pila y no se estropea. Eso es más ventaja de lo que parece, porque las otras dos opciones tienen cada una su manera de dejarte tirado en el peor momento.
- El móvil. Al final de un día de torneo está sin batería, sobre todo si además llevas con él el marcador o haces fotos. Una app de marcador junto a tu pizarra en el mismo aparato significa que una sola batería agotada apaga dos cosas a la vez.
- La pizarra LCD. La pila dura mucho, pero está ahí, y un día se acaba sin que lo hayas visto venir. Si compras una, mira si la pila se puede cambiar.
- Las dos pantallas. Un pabellón frío vuelve lentas las pantallas y acorta las baterías. Un móvil que se cae sobre un suelo de baldosa es una reparación; una pizarra magnética que se cae es un ruido.
En el otro platillo está el mantenimiento de la magnética: los rotuladores de pizarra se secan, y un rotulador seco lo descubres exactamente una vez por temporada, siempre en el momento equivocado. Las fichas se pierden, y con cuatro fichas no explicas ninguna alineación.
Más importante que romperse es llevarla, y eso no aparece en ninguna descripción de producto. Una pizarra táctica solo sirve si está allí. Una pizarra que se queda en casa encima del mueble porque el martes fuiste directo desde el trabajo no es una pizarra.
Pregúntate una cosa: ¿ya llevas cada semana algo de más al pabellón? ¿Una carpeta con tu plan de entrenamiento, un portapapeles, un silbato? Entonces se suma una pizarra y va a salir bien. Si eres de los que entra al pabellón con una llave, el móvil y la chaqueta, hay muchas papeletas de que a las seis semanas la pizarra se quede en el coche. No es un defecto de carácter; es sencillamente lo que pasa.
A eso se añade que una pizarra se queda olvidada en un pabellón con una facilidad pasmosa: en el banquillo, detrás de la silla del árbitro, en el vestuario. Con una magnética eso es un fastidio. Con una LCD cara es un disgusto, y es motivo para ser sincero contigo mismo antes de comprarla.
Punto cuatro: ¿la situación sigue existiendo después?
Lo que dibujas en una pizarra magnética o en una LCD ya no está tres minutos después. Eso normalmente está bien —un tiempo muerto sirve para decir una cosa, no para montar un archivo—. Pero hay dos momentos en los que te arrepientes.
El primero es la vuelta a casa. Lo que explicaste en el pabellón se ha evaporado en la cabeza de la mayoría antes de que arranque el autobús. Si puedes enseñar la imagen otra vez, no tienes que volver a dibujarla. El segundo es el partido de vuelta contra el mismo equipo, tres meses después. De lo que salió mal entonces recuerdas la mitad.
Para eso haces una foto de la pizarra. Funciona, pero esa foto desaparece entre otras mil y en marzo no la encuentra nadie. Es el mismo problema que con las estadísticas en papel: apuntar sale bien, recuperar no.
Una pizarra dentro de una app guarda el dibujo con el nombre que tú le pongas y en el equipo al que pertenece. En Koach ese botón se llama Guardar pizarra táctica; el nombre se lo pones tú, y con Compartir como imagen la mandas al grupo del equipo. Si creas la pizarra desde un partido ya programado, en la lista aparece indicado que pertenece a ese partido. Ese es el terreno en el que una pantalla le gana a una plancha, y es el único.
En resumen: una pizarra que coges es más rápida que una pantalla que hay que desbloquear. Una pantalla es lo único que recuerda lo que dibujaste. Y si sabes de ti que no vas a llevarla todas las semanas, la pizarra pierde esa comparación antes de empezar.
La pregunta que deshace el nudo
Si pones esos cuatro puntos uno al lado del otro no hay un ganador, pero sí un orden en las preguntas que tienes que hacerte.
- ¿Ya llevo cada semana algo de más al pabellón? Si es que sí: compra la magnética. Es rápida, no se rompe nunca, todos pueden mirarla a la vez y cuesta casi nada. No hay ninguna buena razón para poner una app por encima de eso.
- Si es que no: ¿qué llevo entonces siempre encima? El móvil. Una pizarra en el móvil no será la solución más bonita, pero es la única que el martes por la tarde está de verdad allí.
- ¿Quiero poder guardar y compartir las situaciones que explico? Entonces la pantalla vuelve a entrar en juego, respondas lo que respondas a la primera pregunta. Hay entrenadores que tienen las dos: una magnética para el tiempo muerto y una app para lo que haya que volver a mirar después.
Y luego hay una diferencia que no cabe en ninguna pizarra. Una pista vacía empieza siempre vacía: primero colocas las seis fichas o las dibujas, y solo después puedes explicar algo. Una app que ya conoce tu alineación puede enseñar la alineación de este momento: quién está ahora en cada posición y dónde estará cada uno después de la siguiente rotación. Eso te ahorra justo los segundos que ibas a gastar colocando. Cómo funciona está en la app de alineaciones para el 5-1 y el 4-2.
Una cosa es cierta al margen de lo que elijas: la pizarra no decide si tu mensaje llega. Cuándo pides un tiempo muerto y qué haces con él está en usar los tiempos muertos y en el coaching junto a la línea. Un entrenador con una plancha cara y un discurso confuso no gana ese rally.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar el móvil como pizarra táctica durante un partido?
Normalmente sí, pero depende de la competición y del nivel. En categorías altas existen normas sobre los aparatos electrónicos en el banquillo. Compruébalo en el reglamento de tu propia competición antes de darlo por hecho, o pregúntalo a la organización: una pizarra sin pantalla no entra en ninguna de esas normas.
¿Qué tamaño de pizarra táctica va bien para voleibol?
Lo bastante pequeña para sujetarla con una mano, lo bastante grande para que siete personas en medio círculo vean lo mismo. En la práctica eso viene a ser el tamaño de un libro fino. Todo lo que sea más pequeño solo lo ve bien el jugador que tienes al lado; todo lo que sea más grande acabas por no llevarlo.
En una pizarra LCD, ¿se puede borrar una sola línea o siempre todo?
En la mayoría de los modelos el botón borra la pantalla entera de una vez. Hay versiones más caras con goma para una parte del dibujo, pero no cuentes con ello de serie. Para un tiempo muerto rara vez es un problema: casi siempre empiezas de cero.
¿Necesito una pizarra táctica si solo entreno a categorías de base?
Con jugadores de hasta unos doce años, una pizarra suele rendir menos que señalar en el suelo el sitio donde alguien tiene que colocarse. Pasar una imagen de un dibujo a la pista es un paso de más para un niño pequeño. A partir de los trece o catorce años una pizarra empieza a ser útil, y ayuda sobre todo en los acuerdos que tienen que ver con posiciones.


